La masacre de la dulzura
Sangran las cenizas debajo de la casa, el olvido devora a los nombres que recita la memoria. la ternura, herida, salta por la ventana y huye con los pies descalzos por entre los árboles mojados, que no se han secado en años. Mis dientes de leche se desarman. Como la palabra, que agoniza, le han arrancada las alas, le han arrancado las alas a la palabra y ahora agoniza. Mastico con mis encías los huesos de cadáveres, que ha dejado el amor y el fuego cuenta leyendas de un corazón que resucitó de entre los vivos. La carne se pudre a los pies del tiempo, yo no soy más que una idea perdida en este cuerpo. Debería haber escapado durante la noche como los amantes desnudos y ciegos que corrieron hasta las manos de una muerte muda pero tibia. En esta tierra fragmentada un ángel cayó y murió al cerrar los ojos en un beso. Acá las bocas son los cementerios de las historias, las manos se enfrían a mitad de la taza, y aún así ...